Fecha
15 Oct 2026
CityBloom partió como respuesta a la escasez de áreas verdes en las ciudades. Eso motivó a Nicole Pavez, arquitecta, a desarrollar un biorrevestimiento capaz de cubrir superficies de hormigón y captar CO2. Una propuesta de infraestructura urbana que transforma el hormigón inerte en una superficie activa, y conecta la investigación UDP con los desafíos de sustentabilidad del país.

Cuando ingresó a la carrera de Arquitectura en la Universidad Diego Portales (UDP), Nicole Pavez nunca pensó que terminaría como CEO de una empresa de base científica tecnológica (EBCT), desarrollando tecnología para un futuro más habitable. Y es que el camino hacia CityBloom, el startup que hoy lidera, ha sido muestra de su convicción y perseverancia.

La historia parte en 2023, en su último año de carrera, donde como parte del Taller de Título “Arquitectura del Residuo”, dictado por el arquitecto y académico Nicolás Cabargas, debía crear un material sobre la base de desechos industriales. “Comencé trabajando con relave (desecho de la industria minera) con la idea de mezclarlo con hormigón para mejorar su resistencia mecánica. Y en paralelo descubrí en literatura científica que existían ciertos organismos verdes que podían captar CO2”.

Después de varios correos, Nicole llegó a un laboratorio de la Usach con un render de su proyecto de título. “Me encontré con un grupo de científicos que habían descubierto estos organismos verdes capaces de capturar CO2, resistentes a diversas adversidades. Hasta ese momento lo estaban probando para otras funciones, y cuando les conté mi idea de utilizarlos sobre hormigón en proyectos arquitectónicos, se interesaron de inmediato”.

Los primeros pasos en investigación científica de Nicole comienzan con el equipo de la Usach, donde llegó con probetas de hormigón y relave que fabricó en la Facultad de Ingeniería de la UDP. “Comenzamos a experimentar cómo los organismos podían cubrir el hormigón. Yo tenía la intuición a partir de lo que vemos en el entorno, donde uno ve superficies de hormigón colonizadas por organismos como el musgos. El desafío era probar la hipótesis de que el hormigón podría ser colonizado por organismos verdes y lo conseguimos en el laboratorio, pero cuando trabajas en investigación te da cuenta que no basta con hacer muchos ensayos, sino que también es necesario generar las condiciones para el desarrollo del producto a mayor escala”.

En el laboratorio las estructuras de hormigón eran sumergidas en recipientes con agua, donde eran pobladas por los organismos verdes. Mecanismo eficiente en las pruebas, pero inviable con estructuras reales de hormigón que obligaría a tener grandes piscinas para lograr el mismo efecto.

Primer fondo y paso a fase II

Nicole culminó su proyecto de título con éxito, y el ímpetu por continuar la investigación la llevó a postular al Fondo de Valorización de la Investigación Universitaria (Fondef VIU) de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), dependiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. En 2024 se adjudicó $36 millones, lo que le permitió continuar con su proyecto. Trabajaron en paralelo en dos desarrollos: hormigón prefabricado bioactivo y biorrevestimiento, ambos con los organismos verdes como base de su innovación.

En el primer grupo de trabajo, se incorporó Nicolás Cabargas, Salomón Salcedo, estudiante de Arquitectura, y Alejandro Prieto, experto en fachadas adaptadas al cambio climático. El desafío era claro: mejorar la matriz de hormigón para que fuese biorreceptiva y autosombreante. Eso les permitiría mejor adherencia de los organismos verdes y mayor sobrevida sobre la estructura.

“Trabajamos en una morfología sobre la base de biomimesis, y fuimos probando si realmente estas morfologías superficiales hacían que el hormigón tuviese más sombra, permitiendo mayor sobrevida a los organismos verdes. Salomón desarrolló morfologías controladas mediante programas de modelamiento, de ahí pasamos a moldes impresos en 3D y creamos placas de 15×15 cm que fueron probadas con éxito en ambiente no controlado”.

En el caso del biorrevestimiento, Nicole trabajó con Valentín Gutiérrez, ingeniero en Biotecnología de la Usach, y Catalina Olate, practicante de Bioquímica de la misma universidad. “El desafío era asegurar la adherencia del biorrevestimiento al ser aplicado sobre la infraestructura. Teníamos una idea base que era aplicar por aspersión, y eso nos llevó a trabajar con matrices compatibles con los organismos”.

Después de mucho ensayo, llegaron a la prueba de campo con dos formulaciones. Una falló de inmediato, y si bien la otra se adhirió, solo duró 24 horas sobre el muro. ¿El resultado? Prueba de campo fallida, CityBloom pasa a su etapa III.

La importancia de saber hacia dónde ir

Con una visión clara del futuro de CityBloom y la convicción intacta, este año Nicole y su equipo se adjudicaron dos nuevos fondos de financiamiento: Semilla Inicia de Corfo ($17 millones) y Startup Ciencia de ANID ($136.550.000).

Hoy el desafío es mejorar ambos desarrollos: las placas de hormigón prefabricado y el biorrevestimiento. En el segundo caso, explica Nicole, es necesario mejorar la adherencia del producto para que logre permanecer en el tiempo, y eso les permitiría avanzar al TRL5 (Validación de componente en un entorno relevante o simulado) que perdieron en la fase anterior.

Este año, el proyecto ha ampliado su foco para ser también una solución viable desde el punto de vista comercial. En ese sentido, se definió que la construcción y la minería son las principales industrias que se verían beneficiadas. “Si no haces la bajada a una problemática real, donde la industria esté dispuesta a invertir, el proyecto muere, pues no hay proyección de que pueda ser implementado como una solución a largo tiempo”.

Luego de tres años de investigación y desarrollo, Nicole destaca como una de las claves el trabajo interdisciplinario. “Sin el trabajo conjunto con especialistas de distintas áreas no hubiésemos hecho nada. Como arquitecta, sin el apoyo de la ciencia no habría podido desarrollar la idea del biorrevestimiento. No habría sabido qué organismo era el correcto, qué formulación utilizar, qué metodología científica seguir para dar sustento a mi hipótesis. Unir disciplinas hace posible que la investigación culmine en transferencia tecnológica”.

Pese al avance, el camino no ha estado exento de dificultades. “Lo que más me ha costado es que soy arquitecta y no bioquímica, a veces siento que me quedo corta con el aporte técnico que podría hacer para el desarrollo del producto final. Por otro lado, si bien nos hemos adjudicado fondos, sabemos que acceder a financiamiento se puede volver más difícil cuando uno quiere escalar desde el laboratorio a una fábrica”.

Pero la aventura de Nicole no ha sido en solitario. Hoy en CityBloom cuenta con Nicolás Cabargas, Valentín Gutiérrez y Uro Ledezma como socios. A esto se suma el apoyo que recibió desde sus inicios de la UDP y su Dirección de Innovación. “Como estudiante de último año no tenía idea que existían fondos de investigacióndisponibles para desarrollar proyectos, y una vez tomada la decisión de postular, en la universidad nos apoyaron con formularios, requisitos y reuniones para resolver dudas. Una vez adjudicados los recursos, fue clave el apoyo técnico que recibimos. Desde vincularnos con la Facultad de Derecho para formalizar la empresa, hasta temas de propiedad intelectual, registro de marca y finanzas para administración de los recursos”.

Cuando recuerda estos años de laboratorio y pruebas de campo, Nicole es clara en advertir que hay que tener paciencia y tolerancia a la frustración, ser constante y tener una visión de lo que quieres conseguir. “Si no me hubiese abierto a otras posibilidades, si no me hubiese vinculado a otros profesionales, tal vez ahora estaría dibujando planos en una oficina de arquitectura. Cuando comencé me dijeron…relave, hormigón, organismos verdes… es mucho, saca los bichos. Pero siempre me ha funcionado llevar la contraria, persistir y tener una visión clara de lo que quiero lograr. Siempre va a existir el miedo a que no funcione, pero al final, el que no se atreve, no innova. Soñamos con un futuro habitable, y lo construimos con ciencia, diseño y naturaleza”.