La iniciativa, liderada por la investigadora de Medicina UDP, Dra. Jessica Bravo, logró avanzar significativamente en la maduración tecnológica de una solución que enfrenta un desafío cada vez más relevante: la resistencia antimicrobiana en patologías como el pioderma canino.
La actividad de cierre, reunió a parte del equipo de investigación, y contó con las exposiciones de la directora del proyecto, Dra. Jessica Bravo; la co-directora, Dra. Daniela Siel; y las tesistas Martina Jacobs, Martín Varas y Antonia Díaz, quienes presentaron los principales hitos del proyecto, así como el proceso y los resultados alcanzados durante el desarrollo de la investigación.
La resistencia a los antibióticos es hoy un problema creciente tanto en humanos como en medicina veterinaria, ya que cada vez más bacterias desarrollan resistencia a los tratamientos tradicionales. Un ejemplo es el pioderma canino, una infección de piel frecuente en perros que, aunque suele ser tratable, en muchos casos se vuelve persistente y compleja, lo que exige nuevas alternativas terapéuticas eficaces y seguras.
Frente a este escenario, el equipo planteó una solución basada en el desarrollo de formulaciones tópicas —hidrogel y champú en seco— elaboradas a partir de aceites esenciales extraídos de plantas nativas chilenas, las cuales cuentan con respaldo científico que dan cuenta de sus propiedades antimicrobianas, antiinflamatorias, antioxidantes e incluso antitumorales.
La idea central del proyecto fue comprobar que estas formulaciones no solo son seguras, sino también efectivas para ayudar en el tratamiento del pioderma canino, ofreciendo así una alternativa más natural y sustentable frente al uso tradicional de antibióticos
Uno de los grandes avances de este proyecto fue llevar la investigación desde el laboratorio hacia su aplicación en contextos reales. Cuando comenzó en 2024, la iniciativa estaba en una etapa temprana de desarrollo, donde las ideas se probaban de manera experimental. Sin embargo, al finalizar, logró avanzar significativamente hasta alcanzar una fase donde la tecnología fue validada en condiciones más cercanas a la realidad.
Este progreso fue posible gracias a una serie de estudios clave: se comprobó la estabilidad y la eficacia antibacteriana de las formulaciones, se evaluó su seguridad en modelos experimentales y, finalmente, se probaron en perros con pioderma.
“Hoy podemos decir que no solo contamos con evidencia de laboratorio, sino también con resultados en modelos clínicos, lo que marca un salto relevante en el desarrollo de esta tecnología”, destacó Bravo durante su presentación.
El principal resultado del proyecto fue el desarrollo de dos prototipos: un hidrogel y un champú en seco de uso tópico, ambos formulados a partir de aceites esenciales de plantas nativas chilenas.
Estos productos destacan por varias razones. En primer lugar, son estables, lo que permite almacenarlos y utilizarlos sin que pierdan sus propiedades. Además, han demostrado ser eficaces contra bacterias en distintas etapas de estudio, y seguros tanto en modelos experimentales como en perros.
Además, se trata de soluciones novedosas para el mercado, ya que actualmente no existen productos que aborden el pioderma canino mediante formulaciones de este tipo basadas en especies nativas.
El cumplimiento de los objetivos del proyecto y la proyección de futuras iniciativas conjuntas fueron posibles gracias a una red de colaboración que fortaleció el trabajo interdisciplinario, integrada por Botanical Solution, que colaboró en la propagación in vitro de las plantas utilizadas; Oftaderm; las municipalidades de La Granja y Conchalí; el Colegio Médico Veterinario de Chile (COLMEVET); y las instituciones académicas Universidad Mayor y la Facultad de Odontología de la Universidad de Chile.
Como destacó la Dra. Siel, codirectora del proyecto “El siguiente paso es avanzar en estrategias de transferencia tecnológica y vinculación con el entorno, con el objetivo de llevar esta innovación desde el laboratorio hasta su aplicación real en el mercado”
El cierre del proyecto no marca un punto final, sino el comienzo de una nueva etapa. Con una tecnología validada, protegida y con potencial de escalamiento, el equipo proyecta continuar su desarrollo a través de nuevos fondos y alianzas.
“La estrategia del proyecto fue precisamente reducir la brecha entre la investigación y la aplicación, y hoy estamos en una posición que nos permite proyectar esta solución hacia su implementación”, concluyó Bravo.