La gran mayoría de los más de 6000 planetas extrasolares conocidos hasta la fecha tienen miles de millones de años de antigüedad y han sido detectados mediante métodos indirectos y muy cerca de sus estrellas. En cambio, solo 100 exoplanetas han sido observados mediante imagen directa; estos presentan edades de entre 10 y 100 millones de años y se encuentran mucho más alejados de sus estrellas centrales, a distancias análogas a la órbita de Neptuno o Plutón. Tan solo cuatro de ellos (conocidos como PDS 70 b/c, y WISPIT 2 b/c) son aún más jóvenes, “apenas” 5 millones de años, y han sido detectados aún inmersos en sus discos protoplanetarios natales. Estos planetas jóvenes resultan especialmente interesantes, ya que aportan información invaluable sobre los mecanismos de formación planetaria.
En este contexto, un equipo internacional, liderado por astrónomos del Instituto de Estudios Astrofísicos (IEA) de la UDP, acaba de anunciar la confirmación de Elias 2-24 b, el exoplaneta más joven jamás observado. Con una edad estimada inferior a un millón de años, Elias 2-24 b se encuentra a 55 unidades astronómicas (ua) de su estrella central —una distancia mayor que la de cualquier planeta de nuestro sistema solar respecto al Sol— y dentro de un surco estrecho que, según se ha comprobado, fue excavado por el propio planeta. Estos surcos son habituales en los discos protoplanetarios, pero su relación con la formación de planetas ha sido objeto de debate desde que se identificaron por primera vez, hace más de una década.
Este descubrimiento es de alto impacto para la comunidad científica internacional y ha sido difundido en la página principal de la NASA y del observatorio Keck de Hawái, así como en diversos portales internacionales.